
Cuando yo era joven, yo quería ser una maestra para niños o una misionera en China. Yo crecí y fui a la universidad para estudiar Educación. Uff, mis clases y las reglas de el estado que yo vivía fueron tan difíciles. Yo tenía un sentimiento de que yo debería cambiar mi carrera a ministerio (no porque todo fue difícil pero porque Dios estaba obrando). Siempre he tenido una pasión por los niños–para cuidarlos, enseñarles en la escuela o en la iglesia, etc.

Durante este tiempo de preguntas y tiempo de averiguar mis próximos pasos, yo estaba orando tanto y ayunando para conseguir sabiduría. Había mucha gente diciéndome que yo no debería estudiar ministerio porque no es un trabajo estable. Y en ese momento, yo encontré que no debería de escuchar las voces alrededor de mi. Solo puedo escuchar la voz de Dios. Cuando Él está llamando, tenemos que ser obedientes sin dudarlo. Y por eso, yo cambié mi carrera. Y desde esa decisión, Dios ha estado obrando en maneras tan asombrosas.
Cuando yo tenía 20 años, tuve mi primer viaje a la República Dominicana. Mi iglesia en los Estados Unidos viene una semana al año. En 2016, mi mama me dijo, “mira Ashley, tu y yo vamos para la isla juntas este año.” Yo pensé, “aye, es tanto dinero que tenemos que conseguir. No se como vamos a hacerlo.” Bueno, dejame decirte que cuando Dios tiene un plan, nada puede detenerlo. Teníamos todo el dinero que necesitábamos y nos fuimos a la isla de la Española el verano de 2016.

Esa semana, trabajamos tan duro bajo el sol ayudando a construir con el equipo de construcción y el ministerio de los niños. A través de todas las actividades que hicimos, Dios estaba abriendo mis ojos para ver su ministerio aquí en la RD, pero también su iglesia global. Dios rompió mi corazón con lo que rompe el de El.
Yo recuerdo un momento específico cuando estábamos en las montañas. Comimos y teníamos una siesta y los niños estaban esperando afuera de las paredes de la iglesia. Todo de nuestro grupo de gringos estaban charlando, pero yo solo podía pensar en los niños.
Yo escuché la voz de Dios tan claro. El me dijo, “esta va a ser tu vida algun dia.” Yo sentí la presencia de Dios a mi alrededor. Y desde ese punto adelante, yo sabía que iba a hacer todo lo que necesitaba para estar aquí. Yo no sabía cómo iba a conseguir todo el dinero y como todo iba a pasar, pero yo sabía que en Dios todo es posible. Una noche, yo estaba en frente de mi grupo de la iglesia y a través de tantas lágrimas les conté que yo tenía que hacer algo sobre aquello que rompe mi corazón pero más importante es el corazón de nuestro Padre. Había algunas personas que dijeron, “podemos verlo en tus ojos.”
Más viajes y años después, me reuní con algunas personas para ver si querían ser mis patrocinadores en el ministerio. Yo le pedí a Dios que me ayudara a mudarme a la isla en 5 meses. Mucha gente dijo que fue imposible, y que yo debería tener un plan de respaldo, pero yo confiaba en que Dios abriría el camino. En enero de 2019, yo empacaba tres maletas y una mochila con todo lo que tenía y me mudé a la República Dominicana.
Yo quisiera decirte que ha sido fácil pero la verdad es que ha sido difícil. Despierto cada mañana y sé que cada paso es un acto de fe. Durante mi tiempo viviendo aquí, he aprendido que tengo que ser completamente dependiente de Jesus. No me falta nada en Cristo. El es mi fuente de dinero, sabiduría, fuerza, y palabras cuando no tengo una. El me completa, y cumple los deseos de mi corazón como nadie puede.
Aunque ha sido difícil y a veces siento que siempre estoy luchando, Dios es fiel. Dios ha cumplido el deseo más grande de mi corazón al estar aquí y ser una parte de su ministerio. Cuando yo tengo un momento tan difícil, siempre pienso en todo lo que Dios ha hecho. A través de los momentos tan altos y los bajos, he crecido en la palabra de Dios, en mi conocimiento de ministerio, como crear relaciones y demostrar a Cristo a las personas que no lo conocen, y cómo aprender al lado de mi familia aquí.
Servimos al Dios de lo imposible, el Dios de milagros. Tenemos que estar atentos al Espíritu Santo y caminar por fe. Él siempre cumple sus promesas y siempre abre un camino.
